
Del mismo modo, es bueno que consigamos una
actitud desinhibida y que nos podamos expresar sin vergüenza y sin tabúes. A
veces, manifestar nuestras preferencias, nuestros deseos o nuestras fantasías
puede suponer una discordancia con la otra persona.
Esto es normal y no nos ha
de afectar negativamente. Hemos de dialogar y tratar de acercar posiciones,
mostrando a la otra persona porque nos gusta esta u otra cosa o bien hemos de
ceder en tal o cual aspecto o aceptar que hay una cierta incompatibilidad en
nuestros gustos y deseos. No es bueno reprimir, ocultar o prescindir de cosas
que para nosotros son importantes. Esa actitud errónea, contrariamente a lo que
creemos, no nos acerca a la otra persona, sino que nos acabará alejando.
Un clima de confianza, desinhibición,
relajación y bienestar son más efectivos que cualquier técnica, práctica,
postura o destreza. Esto conviene tenerlo siempre muy presente. No se trata
tanto de esforzarse por conocer las técnicas, sino de aprender a crear ese tipo
de clima. Conocernos a nosotros y aprender a conocer a la otra persona,
requiere de un tiempo, un interés, una dedicación y una atención que serán de
muchísima eficacia para alcanzar el mayor grado de placer.
El objetivo fundamental de las relaciones
sexuales es la obtención de placer por medio del contacto físico, la
comunicación, la transmisión de afecto, la atención, la satisfacción del deseo,
la vivencia del placer ajeno, etc. Sea cual sea la práctica sexual que
adoptemos, el placer disminuye o no se obtiene cuando sólo tenemos como
objetivo lograr un orgasmo, una eyaculación o una determinada reacción... El
placer se obtiene disfrutando de cada momento, sin marcarse más metas u
objetivos que la gratificación de cada instante y de las sensaciones que nos
producen las caricias, los besos, recrearnos con la vista, los susurros, la
cercanía de la otra persona, etc.
Otro aspecto muy importante es la
limpieza de nuestro cuerpo. El
mal olor, los restos de sudor o suciedad pueden provocar sensaciones incomodas
y de rechazo. Además, un buen olor y la
sensación de limpieza e higiene favorecen notablemente el acercamiento y el disfrute. Esto es aplicable tanto a hombres como a mujeres.
Nuestra pareja estará mucho más deseosa de agradarnos si nuestra cercanía le
resulta agradable.
En cuanto a la higiene, los genitales
habitualmente están en contacto con un tipo de gérmenes para los que
desarrollan defensas y no se infectan, pero para otro tipo de gérmenes no
tienen esa capacidad de respuesta, por lo que fácilmente se puede provocar una
infección.
Por la misma razón, conviene recordar que una
vez introducido cualquier objeto o parte de nuestro cuerpo en el recto (dedos,
lengua, pene, etc.) no debemos rozar otra parte de los genitales femeninos,
porque el recto contiene unas bacterias con un elevado potencial de infección
para la mucosa de la vagina y la uretra. En estos casos, además de ser
necesaria la utilización de preservativo para introducir el pene, es deseable
proceder a lavar los dedos o el objeto que se desee introducir en la vagina.
Debemos tener en cuenta que cada persona es
diferente en cuanto a gustos, deseos, fantasías, fuente de estímulos, zonas
erógenas y preferencias en posturas y prácticas. Por lo tanto, nunca hemos de
dar nada por hecho. Hay personas que prefieren la estimulación con la mano o
con otros objetos o la penetración. Y otras personas que sienten un mayor placer
con el sexo oral, por el contrario otras lo obtienen con la masturbación mutua,
etc. Conviene que nuestra comunicación y nuestra actitud de escuchar sean
siempre una vía abierta y tolerante hacia las diferencias en gustos y
prácticas. Teniendo presente que el mayor clima de placer se obtiene cuando
ambas personas reciben y dan placer de forma generosa.
© Dolores Salinas 2004
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