Para relacionarnos con los objetos, las personas y el entorno en
el que vivimos es necesario que conozcamos algo del mismo. Cuanto mayor es el
nivel de conocimiento, mayor la capacidad de interacción que tenemos. A medida
que nos relacionamos más, también tenemos mayores oportunidades para conocer
más.
Esta situación es muy fácil de entender si nos imaginamos la
primera vez que accedemos a un trabajo. Primero nos hemos informado de algunos
datos básicos, como dirección, función que vamos a realizar, número de
empleados, a qué se dedica la firma para la que vamos a trabajar, etc. Esto nos
da unas claves, pero son insuficientes para desarrollar nuestro trabajo con la
máxima eficacia. Pasará algún tiempo hasta que nuestra relación con el nuevo
trabajo, nos permita rendir al 100%, encontrarnos cómodos, disfrutar de lo que
hacemos y desarrollar nuestras habilidades sociales y profesionales.
